Ignacio De Bonis desarrolló Ecotaza luego de encontrar una oportunidad en China. Invirtió US$ 110.000 y prepara la planta para abastecer a cafeterías y otros negocios
¿Y si después de tomar un café también pudieras comerte la taza? Esa es la propuesta de Ecotaza, un proyecto que busca llevar los recipientes comestibles a cafeterías, estaciones de servicio y otros negocios gastronómicos de la Argentina.
La idea surgió lejos de una cocina. Ignacio De Bonis, asesor en comercio exterior desde hace más de 15 años, buscaba proveedores en China para un cliente cuando encontró una máquina que fabricaba vasos y tazas comestibles.
En lugar de limitarse a importar el equipo, preguntó si era posible modificar el molde para agregarle un asa y desarrollar una taza pensada para tomar café. Luego de meses de trabajo, el empresario trajo al país una máquina pequeña que le costó unos US$ 5.000 para empezar a experimentar.
Su primera experiencia fue en conjunto con Piso 15 Sky Bar, ubicado en el centro porteño. En conjunto con un cocinero lograron ajustar la fórmula hasta conseguir una masa que resistiera el café caliente sin deformarse ni alterar el sabor de la bebida. Hoy la taza es parte de un postre llamado Affogatto, el cual se compone de una bocha de helado y café caliente.
La prueba era simple de plantear, pero compleja de resolver: servir café caliente y comprobar cuánto tiempo podía permanecer en la taza sin que el recipiente perdiera su forma o dejara escapar el líquido.
De Bonis llevó los ensayos al límite y probó servir cinco cafés sucesivos en una misma unidad. El éxito de esta prueba, junto con algunos ajustes menores según lo relatado por el empresario, le permitió contar con la versión final del producto.
La receta tiene un sabor neutro, similar al de una galletita de agua con un toque de vainilla. La intención es que el recipiente funcione como un acompañamiento, sin afectar el gusto del café.
Según el empresario, el producto no solo es sustentable y novedoso, sino que puede potenciar la experiencia del consumidor debido a su versatilidad: desde consumirse tal cual luego de beber el café, consumirla junto con un topping como dulce de leche o pasta de avellanas hasta crear un postre.
Además, la propuesta no se limita a un único diseño. De Bonis registró los primeros modelos de taza y vaso ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) y desarrolló más de 30 variantes, entre ellas recipientes cuadrados, octogonales y cilíndricos, además de cucharitas, platos y tapas.
Con el producto desarrollado, el desafío pasó a ser industrializarlo. Ecotaza todavía prepara la puesta en marcha de su planta y trabaja para reunir las condiciones necesarias para producir a gran escala.
La inversión estimada se posiciona en torno a los US$ 110.000. El proyecto requiere completar la preparación del espacio productivo, incorporar el equipamiento y organizar las tareas de elaboración, empaque y comercialización.
Fuente: Agencia DIB


