El malestar emocional alcanzó su pico histórico, afectando al 28,1% de la población. Ante este escenario, tanto el buen descanso como el entorno son una herramienta indispensable para desactivar la ansiedad y recuperar el bienestar mental.
Son las dos de la mañana y, aunque el cuerpo está agotado, la mente parece haber encendido todos sus motores en modo revisión, sobrevolando los problemas del día y anticipándose los del mañana. Esta escena es una realidad cada vez más frecuente para una porción enorme de los argentinos.
Según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) que se publicó en 2025, el malestar psicológico, que incluye síntomas de ansiedad y depresión, ha mostrado un incremento sostenido, pasando del 18,4% en 2010 al 28,1% en 2024. Esto significa que, actualmente, casi 3 de cada 10 adultos conviven con este padecimiento.
Otro meta-análisis publicado en 2024 que analizó 52 investigaciones con más de 1,4 millones de participantes confirmó que dormir poco es un predictor independiente para el desarrollo de trastornos mentales.
Es decir, no se trata solo de cansancio; la falta de sueño altera el equilibrio biológico y nos vuelve emocionalmente más vulnerables ante situaciones de estrés como la incertidumbre económica o la precarización laboral, factores que la UCA identifica como determinantes del malestar actual.
Existe una relación bidireccional entre el descanso y la mente: el cuerpo ante la privación de sueño genera una reacción fisiológica que dificulta la relajación. Este estado no solo afecta el ánimo, sino que debilita el sistema inmune y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Por su parte, la ansiedad dificulta la conciliación, y ese mal descanso intensifica los niveles de alerta e irritabilidad del día siguiente.
Si no intervenimos, este bucle puede volverse crónico. Los especialistas sugieren usar la propia biología a nuestro favor. Para lograr un descanso profundo se necesita accionar dos sistemas internos fundamentales: el ritmo circadiano (nuestro reloj biológico que nos dice cuándo es de día y cuándo es de noche) y mejorar la calidad del sueño.
Cuando estos sistemas se ven interrumpidos, el organismo genera una reacción fisiológica que aumenta los niveles de alerta, haciendo que relajarse sea casi imposible. Un cuerpo que busca relajarse necesita una superficie que lo sostenga sin crear nuevos puntos de dolor.
A menudo ignoramos que la ansiedad tiene una manifestación física muy concreta: se siente en la mandíbula apretada, los hombros tensos y el cuello rígido. “Cuando el sistema nervioso ya está sensibilizado por el malestar emocional, un colchón inadecuado o vencido se convierte en un enemigo silencioso al generar puntos de presión que impiden que los músculos se relajen y puedan soltar la carga acumulada”, señala Mariano Zlatkes, experto en calidad de sueño de Sensorial Colchones.
Un descanso realmente reparador requiere una superficie que acompañe la anatomía del cuerpo en lugar de ofrecerle resistencia. El uso de espumas de alta densidad, y capas viscoelásticas que distribuyen el peso de manera uniforme, permite alinear la columna y distribuir el peso uniformemente. “Este soporte es esencial para que el cuerpo le envíe al cerebro la señal de que es seguro relajarse; si los músculos deben seguir activos para compensar la falta de apoyo, el sistema nervioso se mantiene en alerta, boicoteando la recuperación biológica necesaria para que la mente pueda sanar”, explica Zlatkes.
En un contexto donde el malestar psicológico afecta de manera crítica, optimizar aquello que podemos controlar, nuestra rutina y la calidad de nuestro colchón, se vuelve fundamental. Dormir bien no es un lujo, sino la base indispensable para que la mente encuentre el alivio que tanto necesita.
Para recuperar el control, es necesario establecer hábitos que le den al sistema nervioso una señal clara de que el día terminó:
Fuente: Agencia DIB

